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Que vivamos como un pueblo que sabe que Cristo está vivo — Obispo William E. Koenig, Diócesis de Wilmington, Carta de Pascua

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Bishop Koenig
 

Queridos hermanos y hermanas en Cristo,

¡Él ha Resucitado! ¡Él ha resucitado en Verdad!

La asombrosa noticia de la Resurrección de Cristo

En la Pascua, la iglesia proclama la noticia más asombrosa en la historia humana: la tumba esta vacía y Jesucristo está vivo.  Lo que parecía ser la última palabra, sufrimiento, muerte, y la oscuridad del Viernes Santo ha sido revocado, por el poder de Dios.  Es el comienzo de una nueva creación: Cristo ha resucitado y cada uno de nosotros, quienes a traves del bautismo participamos de su muerte y resurrección, están cambiados para siempre.  Junto con San Pablo, nosotros proclamamos: No soy yo quien vive, pero es Cristo que vive en mí.

Ciudadanos del Cielo

Los primeros cristianos sabían que estos eventos transformaron todo. Una carta antigua, escrita por un estudiante de los apóstoles y a menudo llamada la Epístola de Diogneto, los describe de esta manera: ellos no habitan en ciudades separadas ni siguen modos de vidas extravagantes.

Ellos pasan sus días sobre la tierra, pero son ciudadanos del cielo, viven en pobreza, pero enriquecen a muchos, sufren deshonor, pero esa es su gloria.” Esos primeros cristianos sabían que la resurrección de Cristo significo que ellos podían vivir en este mundo sin estar cautivos por el mundo.  Ellos eran después de todo, ‘ciudadanos del cielo.”
En este Mundo pero no de este mundo

Esa misma vida de fe nos está confiada a nosotros.  Hoy, también somos llamados a abandonar esa hermosa paradoja, a participar plenamente en la vida del mundo, y saber que nuestra verdadera ciudadanía está en el cielo.  La pascua no es solo una invitación a celebrar un evento del pasado, pero si a vivir, diferente. Nos llama a ser personas de esperanza en una cultura marcada por la ansiedad y perdonar cuando el resentimiento parece ser más fácil y servir cuando la indiferencia nos tienta.
La Alegria y el Poder de la Resurrección

El mundo de hoy necesita ser testigo tanto como el mundo antiguo lo fue.  Como esos primeros cristianos descritos en la epístola de Diogneto, puedan que nuestras vidas reflejen la luz del Cristo Resucitado.  Mis oraciones por ustedes en esta Pascua, es que la alegria de la Resurrección llene sus hogares, fortalezca sus familias, y renueve nuestra iglesia diocesana. Vivamos como personas queconocen que Cristo está vivo y su victoria ya está trabajando entre nosotros.

¡Feliz y bendecida Pascua!

Fielmente suyo en Cristo,

 

 

Monseñor William E. Koenig
Opisbo de Wilmington